Seleccionar página

Antes de haber reflexionado a fondo sobre ello, siempre me habían llamado la atención los autorretratos de las mujeres artistas y su predilección por los mismos; desde las artistas del pasado como Lavinia Fontana, Sofonisba Anguissola, Artemisia Gentileschi o Luisa Roldán hasta artistas modernas y contemporáneas como Frida Kahlo, Remedios Varo, Claude Cahun, Cindy Sherman y muchas otras. ¡Qué diferentes las mujeres pintadas por hombres que las mujeres pintadas por mujeres! Y en los autorretratos de mujeres hay un más: su deseo, su intensidad, su historia, su vida…

  “Arcángel San Miguel venciendo al diablo”. El Escorial. 1692

En esta escultura Luisa Roldán se autorretrata como el Arcángel San Miguel y retrata a su marido como al diablo

Creo que en el autorretrato femenino hay una necesidad de partir de sí, de tomar la palabra para decir quién se es, quién se quiere ser, más allá de los estereotipos sobre las mujeres creados por los hombres, especialmente en el arte; una necesidad de poner en juego el propio deseo. A través del autorretrato se hacen dueñas de su propia imagen, de su cara, de su cuerpo.

“…, parece haber persistido con singular terquedad la imagen de la mujer enajenada; criatura extraña en los linderos de lo humano. “Lo humano” es el contenido de la definición del hombre, y la mujer quedaba siempre en los límites, desterrada y, como toda realidad, rechazada, infinitamente temible. Sólo en su dependencia al varón, su vida cobraba ser y sentido; mas en cuanto asomaba en ella el conato del propio destino, quedaba convertida en un extraño ser sin sede posible. Era la posesa o hechizada que, vengadora, se transformaba en hechicera.”

(Eloisa o la existencia de la mujer. María Zambrano)
Con el autorretrato se autorizan a sí mismas y reconocen la autoridad de las que lo han hecho antes que ellas, reafirmando así su genealogía femenina en el arte. En el autorretrato femenino encuentro también un deseo de relación, una necesidad de estar en relación, de compartir sus vivencias, sus logros, de contar a las demás y los demás y de contarse a sí mismas.
Si pienso en las artistas del pasado, del tiempo de Lavinia Fontana o Sofonisba Anguissola, creo que es importante en su preferencia por el autorretrato su conciencia de mujeres en un mundo del arte masculino, donde en muchas ocasiones el trabajo de muchas mujeres dentro de los talleres no era visible, no era remunerado o simplemente la pintura o la escultura no podían ser el medio de vida para una mujer, que tenía que recurrir a su padre, su hermano o su esposo para la firma de contratos. Estas mujeres quieren dejar constancia de su posición, de su cultura, de la calidad de su arte, crear una genealogía para las que vinieran después de ellas.
Además se retratan rodeadas de sus familias, o expresando sus sentimientos (como en el caso de la escultura de Luisa Roldán que he puesto arriba), en situaciones de la vida cotidiana. Se alejan del hedonismo y la autocomplacencia más frecuente en los autorretratos masculinos. Reflexionan sobre sus vidas, sus relaciones, su tiempo. Incluso cuando pintan temas religiosos o mitológicos ponen en juego su modo de estar en el mundo (nada tiene que ver la Susana que pinta Artemisia Gentileschi con la de Tintoretto)

 

   Susana y los viejos. Artemisia Gentileschi

    Susana y los viejos. Jacopo Robusti Tintoretto

Para estás mujeres el autorretrato es un modo de expresar su libertad.
La reapropiación del cuerpo, la reflexión sobre los roles femeninos (Cindy Sherman), la propia identidad (Claude Cahun), el deseo, las relaciones, la maternidad,… son algunas de las preocupaciones que mueven a las mujeres artistas del siglo veinte y actuales cuando se autorretratan. Siguen acudiendo como sus antecesoras en el pasado a los autorretratos de artistas que forman parte de su genealogía (los autorretratos de Frida Kahlo han servido y siguen sirviendo de inspiración a muchas artistas actuales). Quizá desde el siglo XX se usa de un modo más consciente, buscando su fuerza simbólica, para hacer política partiendo de sí. Pero sigue existiendo esa necesidad de compartir, de relacionarse, de poner en juego el propio deseo.

 

 Para que seas feliz. Eva Armisén

 

Patricia Torres Cañada